Artículo escrito por Sandra García Román alumna del PRACTICUM de Psicología de la UOC que está cursando esta asignatura en el Institut Gomà.

 

 

“La mayoría de mujeres que han despertado recuerdan haber dormido, haber sido dormidas”
(Cixous, 1995:17)


Ayer, mientras leía la Vanguardia, un titular me llamó la atención: “Catalunya tiene 6200 niñas en riesgo de ablación”. Y en el mundo, 3 millones de niñas están esperando el mismo destino. La primera reacción fue un profundo sentimiento de tristeza e indignación. Un sinfín  de preguntas se sucedían en mi cabeza: ¿Cómo pueden los adultos hacer semejante monstruosidad a sus niñas? ¿Cómo se permite en pleno siglo XXI este tipo de barbaridades a la infancia? ¿Por qué este empeño en mutilar el cuerpo femenino? Y mientras estaba en pleno bullicio de preguntas y emociones decidí parar y dejar de juzgar. Busqué información para conocer más sobre el tema y poder entender, si era posible, un acto como éste. En primer lugar me informé del para qué del ritual y qué tipo de creencias estaban detrás de  esta práctica. Resumiendo, esto fue lo que encontré:

Uno de los motivos es estético, porqué los genitales femeninos recortados se consideran más bonitos, además de reflejar a una mujer limpia por el hecho de comparar la ablación femenina con la circuncisión masculina. Hasta tal punto su importancia, que la mujer que no ha pasado por la práctica de la ablación no se le permite tocar los alimentos, así pues, pierde la posibilidad de alimentar a sus hijos. Otro motivo es la creencia  de que el clítoris puede llegar a tener la dimensión de un pene. Y por último, la creencia de que durante el parto, si la cabecita del bebé llegara a tocar el clítoris de la madre, habría riesgo de muerte tanto para el bebé como para la madre.

¿Por qué se realiza la ablación? Es una de las 3 fases del proceso de introducción de las niñas al mundo de las mujeres. Este proceso está formado por:

  1. Fase de mutilación
  2. Fase de transmisión cultural de las mujeres a las niñas
  3. Fase Social

Este proceso, tal como explica Adriana Kaplan, forma parte de su cultura y de su identidad de género y etnia. Nos habla de la vital importancia que tiene el proteger y mantener este proceso, su función y su simbología eliminando, la primera fase, la ablación. Y hacerlo desde una actitud respetuosa, aportando conocimiento de los problemas a nivel físico y psíquico que conlleva esta práctica, ya que aunque están acostumbrados a ver hemorragias, infecciones e incluso muertes como consecuencia de esta práctica, ellos no lo relacionan con la ablación, así de irracionales y poderosas son las creencias.

Con más información sobre la mesa, empecé a entender, aunque con el alma llena de dolor, a las madres que permiten que se lleven a sus hijas, las abuelas que llevan a sus nietas al bosque, donde una mujer mayor les cortará parte de sus genitales para que sean mujeres limpias, puedan alimentar a sus familias y no tengan riesgo de matar a sus futuros bebés o morir ellas mismas durante el parto…creencias erróneas, terribles, y con unas consecuencias nefastas para las niñas, las mujeres y al final para toda la comunidad.

Sentía que tenía la obligación de entender ¿Cómo no hacerlo si en los países que llamamos desarrollados, estamos manipulados y maltratados por nuestras propias creencias? No sólo estamos hablando de este tema tan doloroso e impactante como es la ablación. La reflexión nos lleva más allá. ¿Cómo lo podemos relacionar con otras creencias de nuestra propia cultura? Ya no sólo hablamos de  los efectos de la violencia simbólica, impulsada por las estructuras patriarcales, para configurar las identidades femeninas y diluir la libertad individual femenina, estamos hablando de cómo las creencias nos pueden llevar a actos irracionales. Sin ir más lejos, en nuestro país, tenemos un claro ejemplo con el actual anteproyecto que el Parlamento español acaba de aprobar sobre el aborto, que priva a la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

En la actualidad, vivimos entre creencias mucho más sofisticadas, modernas, intelectuales y crueles, que ya no entienden de género ni edad, y con unas consecuencias también terribles para nuestra sociedad. Y con las cuales unos pocos se benefician a costa del miedo y del sufrimiento de la gran mayoría.

Deseo que se abra el debate para seguir profundizando en el tema de nuestras propias creencias sociales y de género, pues eso dará para unos cuantos nuevos artículos. Aquí sólo dejo mi reflexión como punto de partida. Quiero remarcar la importancia de ayudar a las personas, sean del lugar que sean, a cuestionar sus propias creencias, para vivir más libres y sin el peso de sus consecuencias. Sin juzgarnos, porqué al fin y al cabo, todos somos víctimas de ellas ¿quién está libre de ellas para tirar la primera piedra?

Sandra Garcia Román

 

 

Bibliografía

Fundación Wassu-UAB, 2013. <http://www.mgf.uab.cat/esp/index.html> [Consulta: 5 de febrero de 2014]

Martín, Y. B. (2009). Las heroínas regresan a Ítaca. La construcción de las identidades femeninas a través de la subversión de los mitos. Investigaciones feministas, 163-182.