¿Debo dejar a mi pareja? ¿Por qué no funciona? ¿Lo que nos pasa es normal? ¿Cuáles son las señales para saber que es mejor dejarlo?  ¿De quién es la culpa? ¿Hemos fracasado? ¿Y si me equivoco con mi decisión?

Cuando nos planteamos romper con nuestra pareja éstas y otras tantas preguntas se agolpan en nuestra cabeza como martillazos que parecen aumentar nuestra angustia día a día. Se trata sin duda de uno de los dilemas más difíciles con los que nos encontramos. Pero, ¿cómo saber qué hacer? ¿cómo tomar una decisión tan trascendente como ésta?

En este artículo quiero darte unas pocas claves a tener en cuenta si le estas dando vueltas a la posibilidad de acabar tu relación de pareja.

1. ¿Bajo qué criterio evalúo mi relación? 

Muchas veces, el primer problema es qué criterio estamos utilizando para evaluar nuestra relación: ¿compartir aficiones? ¿frecuencia sexual? ¿tener los mismos gustos? ¿tener los mismos grupos sociales?… En sesión, a menudo los pacientes me plantean si determinada actitud es normal o si tal dinámica de pareja es correcta o no. Esto puede ser una trampa para la mente que nos lleve a la parálisis por no saber qué pensar. 

No olvidemos que en pareja no hay fórmulas universales y lo que es natural en una pareja es algo totalmente inaceptable en otra. No hay normas escritas en piedra sobre lo que puede o no puede ser una relación de pareja. 

De modo que, ¿cuál sería el criterio? Tu bienestar y el respeto por ti mismo. Éstos son los dos límites que jamás deben ser rebasados en una relación sana. Estos son los dos criterios que deben guiar tu evaluación, si cualquiera de los dos está siendo sacrificado, debes plantarte qué está pasando y tratar de cambiarlo (o incluso romper la relación si no hay manera de solventarlo).

2. ¿Qué es más importante para mí: mi compañero/a o la pareja que formamos?

Otro elemento importante que plantearse es si lo que me ata a la relación es mi apego por esa persona o por las circunstancias, comodidades o incluso responsabilidades asociadas a la pareja que formamos. Se trata de una cuestión que debemos sopesar ya que en toda relación de pareja con un mínimo de historia se han ido creando diferentes elementos que pueden pesar mucho a la hora de tomar una decisión como ésta: el hogar que hemos creado, las familias de origen y/o propia, una determinada estabilidad económica, la red social que hemos formado como pareja, …

Debemos definir el impacto que tiene en nosotros tanto la pérdida del compañero/a como de la pareja que formamos.  ¿Qué me pesa más? 

No podemos olvidar que las circunstancias son replicables, las personas no.

3. Las líneas rojas

Este es un elemento básico, ya no sólo para evaluar si debo o no debo continuar con mi pareja sino que debe ser algo fundamental a la hora de encarar cualquier relación. Se trata de aquellos hechos o circunstancias que jamás toleraré en una relación, aquellos límites que en caso de ser rebasados significarán el fin de la misma. 

Por supuesto estos límites son plenamente personales y subjetivos, lo que para uno es inaceptable puede ser tolerable por otra persona. Por poner un límite clásico, la fidelidad no es una línea roja para todas las parejas; mientras que muchas entienden que la exclusividad sexual es una clara línea roja que en caso de rebasarse comportará la ruptura, para otras es un extremo aceptable dentro del pacto que han establecido entre los miembros. Y es precisamente por esta subjetividad y variedad por la que es fundamental que cada uno tenga muy claro qué cosas no quiere en su pareja.

4. Miedos

Como sabemos, uno de los principales perjuicios que tiene el miedo sobre nosotros, cuando no lo gestionamos correctamente, es que nos roba nuestra libertad, nuestra capacidad para tomar decisiones y actuar.

Por ello, de poco nos servirá tener claros los aspectos que no nos satisfacen de nuestra relación si no tenemos claros también los miedos que nos asaltan si nos planteamos la ruptura. Muchas veces me encuentro en sesión casos en los que el malestar en la relación es evidente y palpable pero el miedo no permite dar un sólo paso en ninguna dirección. 

Define tus miedos y concreta los recursos con los que cuentas para hacerles frente.

5. ¿Tenemos problemas solubles o irresolubles?

En pareja hay determinadas diferencias y problemas que se pueden trabajar y cambiar y otros que no. Si, por ejemplo, tenemos problemas en la gestión de las tareas domésticas, ésta sería una cuestión susceptible de ser analizada y mejorada,  negociando y pactando un entente que satisfaga a ambos miembros. Es decir, es un problema resoluble. 

Sin embargo, puede que, por ejemplo, nuestra pareja sea una persona introvertida y/o reservada, que no disfrute mucho de grandes acontecimientos sociales. Si nosotros somos una persona muy extrovertida que gusta de estar siempre rodeada de gente es muy posible que esto pueda generar determinados desencuentros. Aquí estaríamos hablando de un problema irresoluble, ya que hablamos de cómo es el otro (y cómo somos nosotros, no lo olvidemos), no es algo que podamos cambiar, por más que nos empeñemos, si nuestra pareja es una persona reservada, así seguirá siendo.

Entonces, ¿qué hacemos? Aquellas cosas que no se pueden cambiar sólo podemos aceptarlas o no hacerlo. Así que es fundamental que sepamos diferenciar entre aquellos problemas que tienen solución y aquellos que no. 

No olvidemos que el triunfo de la pareja no pasa por lograr cambiar al otro sino (si así lo queremos) aceptar al otro.

6. Tienes derecho a ser feliz

Aunque pueda ser una obviedad, no siempre lo es a la práctica. Muchas veces, sacrificamos nuestro derecho a ser feliz por culpabilidad, miedo a hacer daño al otro o resultar injusto/a. 

No podemos olvidar que no siempre que sentimos que ya no somos felices en pareja es porque nuestra pareja haya hecho algo malo. En muchísimas ocasiones no hay nada que reprocharle a nuestra pareja, pero ya no somos felices. En esos momentos es fácil caer en un fuerte sentimiento de culpabilidad, pero no podemos olvidar que no somos responsables de la felicidad del otro (sencillamente no está en nuestras manos) sino de la nuestra y que jamás podremos amar al otro si no nos sentimos bien en nuestra relación.

No renuncies nunca a tu derecho a ser feliz, nunca será una buena política, ni para ti ni para el otro.

Espero que estos consejos te ayuden si estás pasando por el difícil lance de decidir si quieres continuar con tu relación o, por el contrario, romperla. No olvides nunca que la longevidad de una relación tiene sentido en tanto que se acompaña del bienestar de sus miembros. Renunciar a una relación que no funciona, lejos de ser un fracaso es una oportunidad para poder obtener la felicidad que todos merecemos. 

Y si necesitas ayuda para tomar una decisión puedes escribirme a mdemolina@institutgoma.cat o pedir cita con Miguel de Molina en el Institut Gomà, llamando al 93 208 27 94. Estaré encantado de ayudarte en lo que necesites.