Escrito por: Hermínia Gomà


Es difícil decir la verdad, especialmente cuando… no estamos totalmente seguros de la verdad. Uno busca la verdad, y tan sólo va poniendo algunas señales indicadoras
Garrison Keillor

Puede llegar a ser muy doloroso amar a alguien que tiene problemas. El ser humano es tremendamente complejo. Cada persona es única y cada situación distinta. La experiencia siempre es personal y surge de las circunstancias, del carácter y de la historia de cada uno. No obstante, las personas que aman a personas con problemas, comparten la manera en que reaccionan ante ellas. El problema puede ser con el alcohol, las drogas, el juego, la alimentación, las compras, el sexo, la falta de motivación, las dudas, etc. El factor que todas ellas comparten no es el “problema o su manifestación”, es el poder que le dan al otro y a su problema para que las afecte y en cómo, al mismo tiempo, tratan de influir en la persona que tiene el problema.

He trabajado con personas para las que el binomio amor-culpa era difícil de disociar. No hacer lo que les pedían los demás las convertía en malas personas, malas madres, malas hijas, malas parejas. Se sentían tan culpables que planeaban su vida y actividades en función de no sentirse culpables. Permitían que las necesidades de los demás controlasen sus vidas y frecuentemente se resentían por ello (¡ni las gracias me dan!). ¿Cubrir las necesidades de los demás significa ser una buena pareja, un buen padre, una buena hija? ¿Se trata de verdaderas necesidades?

Hay personas que se “preocupan” tanto que se sienten abrumadas. Imaginemos la madre que se preocupa porque su hijo adolescente no quiere estudiar, tiene malas respuestas en casa, va con amistades poco recomendables. Esta madre lo está haciendo todo por ayudar a su hijo, desde el perdón al castigo, pasando por hacer ver que no se da cuenta de las cosas inadecuadas que hace. A pesar de todos sus esfuerzos, no está ayudando a su hijo. Quiere que su hijo se dé cuenta de que se está equivocando y echando su vida por la borda. Quiere que cambie. Porque le quiere y quiere lo mejor para él. Esta madre puede estar preguntándose ¿Por qué me está haciendo sufrir mi hijo? Esta madre le ha dado el control de su vida a su hijo. Quizá no puede ayudar a su hijo pero puede aprender a ayudarse a sí misma a tomar el control sobre su propia vida.

Las relaciones son como un baile en el que una energía visible va de uno a otro de los participantes.Pero algunas relaciones son el lento y tétrico baile de la muerte
Colette Dowling

Recuerdo el caso de una clienta que vino a consulta porque su marido había dejado de tener relaciones íntimas con ella y descubrió que por las noches se levantaba y durante horas visionaba películas pornográficas. Al principio sintió estupor y miedo, después mucha rabia y después preocupación y necesidad de controlarlo. Odiaba lo que él hacia pero no quería dejarlo, quería controlarlo. Hasta que llegó un momento en que “enloqueció”, perdió el control sobre ella misma, ya no se reconocía. Fue entonces cuando decidió venir a consultarme.

Otro cliente pidió iniciar un proceso porque si no lograba que su mujer fuera feliz él se sentía tremendamente responsable. Si ella estaba airada, ansiosa, triste, disgustada, él se sentía responsable. Si ella no estaba bien se esforzaba mucho y le preguntaba todo el rato qué podía hacer. No entendía porque ella se molestaba con él por intentarlo.

A pesar de que en una primera lectura nos puedan parecer situaciones muy diferentes, tal como decía al inicio, todas estas personas sufren con los problemas de las personas a las que aman.

Muchas de estas personas aprendieron a reaccionar así en su infancia, por la ideología dominante en su entorno, por ser atributos deseables. En general como reacción ante el miedo. Lo integraron para sobrevivir emocional y mentalmente, incluso físicamente. Realmente hicieron todo lo que pudieron de la mejor manera que sabían. Cuando llegan a Institut Gomà para iniciar un proceso significa que lo que aprendieron ha dejado de serles útil. ¿Pueden cambiar estas personas? ¿Pueden aprender a responder de manera efectiva? El primer paso ya lo han dado antes de iniciar el proceso: han tomado conciencia de su problema. El siguiente paso que darán es aceptar su problema. El proceso no siempre es fácil, pero paradójicamente es muy sencillo. Estas personas han olvidado o nunca aprendieron una lección de vida fundamental: Cada persona es responsable de sí misma. Es responsable de como decide responder ante los problemas de los demás. Es responsable de liderar su vida.

En este artículo encontrarás preguntas que podrán ayudarte si te has sentido reflejado en alguno de los casos que he puesto como ejemplos. También te propondré que escribas sobre ciertas cuestiones, con la finalidad de que encuentres las respuestas que necesitas para tu situación particular. Además hallarás sugerencias bibliográficas y cinematográficas.

¿Hay alguien que haya afectado tu vida, que te preocupa y que desearías poder cambiar? Por favor, toma papel y lápiz. Escribe sobre la relación que mantienes con ella, sobre esa persona y sobre ti y tus sentimientos.

¿Quieres cambiar? ¿Cómo te sientes al pensar que puedes cambiar? ¿Qué te sucedería si empezaras a hacerte responsable de tu vida? ¿Qué pasaría si empezaras a pensar que la persona que amas es la responsable de su propia vida? Por favor, medita estas preguntas y escribe las respuestas a cada una de ellas de la manera más detallada posible. Ánimos, si has llegado hasta aquí, ya has dado el primer paso, quizá el más difícil.  Aceptando que quizás estando solo no puedas seguir avanzando en este proceso de cambio, quizás ha llegado el momento de pedir ayuda profesional.

Hay personas que vienen a consulta y solamente quieren hablar de los problemas del otro, ya sea un hijo, la pareja, sus padres, un amigo, alguien a quien aman. Buscan que yo les confirme que esa persona está muy mal, que realmente tiene un grave problema, que está “loca”, que está enferma… Habitualmente me suelen preguntar algo del estilo: ¿No crees que necesita que le controle, que haga algo? La respuesta que les ofrezco en estos casos es del tipo: Quizás… pero yo no puedo hacerlo, ni tú tampoco. Eres tú la que estás en esta sesión. Eres tú la que está hablando de su problema. Eres tú la que quieres un cambio. Eres tú la protagonista de esta sesión: ¿qué necesitas tú para ocuparte de ti misma? Centrémonos en ti. La importante eres tú. No importa que tú pudieras ayudar a esa persona si te escuchara e hiciera lo que tú le aconsejas. Realmente no importa. La importante eres tú. La que puede cambiar y dejar de reaccionar eres tú. Hay un momento muy doloroso y a la vez liberador, cuando la persona toma la decisión de renunciar. Aceptar y renunciar a la idea de que no puede ayudar a alguien que no le está pidiendo ayuda ni la quiere.

¿Hay alguien en tu vida que te preocupa excesivamente? ¿Hay algún problema que no te deje vivir? Escribe sobre ello lo más detalladamente posible sobre cómo te hace sentir. ¿De qué te ha servido lo que has hecho hasta ahora el dolor y sufrimiento que has sentido?¿ ¿Qué consecuencias tiene en el resto de tu vida? ¿Cómo afecta a tu trabajo, a tu familia? Cuando hayas expresado libremente todo lo que necesites expresar sobre esa persona o problema, céntrate en ti mismo ¿Qué sientes ahora? ¿Qué estás pensando? ¿Qué quieres empezar a cambiar que dependa de ti? ¿Cómo te hace sentir querer vincularte de otra manera con esa persona o problema? ¿Quién serías si no te involucraras? ¿Qué consecuencias se derivarían?

El cambio de paradigma no pasa por apartarnos de las personas con problemas (en algunos casos podría ser necesario). El cambio está vinculado a ser concientes de que mientras nos involucramos con el otro y con su problema estamos evadiendo la responsabilidad sobre nosotros mismos. ¿Cómo podemos hacernos responsables de los demás cuando no podemos responsabilizarnos de nosotros mismos? No podemos responsabilizarnos de las consecuencias de las decisiones de los demás. Son ellos los que deberán afrontarlas. Démosles la oportunidad de que se equivoquen, crezcan y aprendan a liderar sus vidas. ¿Cómo podemos conseguirlo? Con honestidad (no engañándonos a nosotros mismos), apertura (atreviéndonos a abrir nuestra mente para cambiar nuestras creencias limitantes), voluntad (tomar conciencia que queremos cambiar) y sentido (lo hacemos por amor y responsabilidad hacia nosotros mismos, para liberarnos de creencias limitadoras, para cuidarnos, para dejar de sobrevivir y empezar a vivir, etc…).

Imagina por un momento que esa persona o problema no estuvieran en tu vida. ¿Qué estarías haciendo? ¿Cómo te sentirías? ¿Quién serías? Visualiza detalladamente esta nueva posibilidad. ¡Atrévete a vivir esa posibilidad!

No es fácil encontrar la felicidad en nosotros mismos, pero es imposible hallarla en ningún otro lugar.
Agnes Repplier

Sugerencias que pueden ayudarte:

  • Identifica en que momentos o situaciones estás reaccionando en lugar de dar la respuesta que implicaría sencillamente hacerte responsable de ti mismo.
  • Identifica en que momentos pierdes la serenidad, la tranquilidad, la paz interior.
  • Toma conciencia de lo que estás sintiendo y respira aceptándolo. Hazte responsable de tus sentimientos. Después ya decidirás que quieres hacer con ello.
  • Analiza lo que ha sucedido. Qué has pensado, qué has sentido. Cuál ha sido el desencadenante. Identifica de qué tienes miedo. Identifica lo que realmente necesitas para volver a tu paz interior.
  • Pregúntate si estás tomando a tu cargo la responsabilidad de otra persona. Si lo que hace lo estás viviendo como algo personal. Cuestiónate si te sientes culpable de algo o si te sientes decepcionado. Si es tan grave o lo estás magnificando.
  • Investiga en tu interior qué necesitas hacer para cuidarte en este momento. Cuándo tengas claro cuál es la decisión más responsable hacia ti, ¡ejecútala y habrás roto la cadena invisible que impedía tomar el control de tu vida!

Sugerencias Bibliográficas:

Branden, N.(2000). Los 6 pilares de la autoestima. Paidós

Beattie, M. (1987). Libérate de la codependencia. Sirio

 

Sugerencias cinematográficas:

“28 días” (2000) USA. Dirigida por Betty Thomas y protagonizada por Sandra Bullock

“Cuando un hombre ama a una mujer”  (1994) USA. Dirigida por Luis Mandoki con guión de Ronald Bass y Al Franken. Protagonizada por Andy Garcia y Meg Ryan.